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Miércoles 10 de agosto de 2022

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Dir. de Comunicación Institucional | 16-06-2022 16:20

Material de archivo
 

Este sábado 18 se cumple medio siglo de la inauguración del complejo. Sus 108 plazas, divididas en 27 departamentos, cumplen con la misión institucional de brindar alojamiento a estudiantes provenientes de otras localidades. Un repaso por su historia y su presente.

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imagen de la noticia: El complejo, recientemente reinaugurado, en la actualidad.

El complejo, recientemente reinaugurado, en la actualidad.

Las Residencias Estudiantiles de la Universidad Nacional del Sur cumplirán este sábado 18 de junio medio siglo de historia. El aniversario llega pocas semanas después de su reinauguración, tras las obras de refacción que insumieron una millonaria inversión.

Asomaba el invierno de 1972 cuando la Casa de estudios concluyó la construcción de los tres monoblocks que, en Urquiza y Perú de Bahía Blanca, reúnen 27 departamentos con un total de 108 plazas para el alojamiento gratuito de estudiantes de la UNS provenientes de fuera de la ciudad sede.

“Los monoblocks fueron construidos por la Cooperadora de la Universidad, una institución que se había conformado en los años del Instituto Tecnológico del Sur (ITS), que entre fines de los años 40 y comienzos de los 50 fue el antecesor de la UNS”, explicó a Radio Universidad el doctor José Marcilese, investigador del CONICET y director del Archivo de la Memoria de la casa de estudios. En sus espacios en las redes sociales, el Archivo ha compartido en las últimas semanas imágenes y datos de la época

Para aquel 1972, la Universidad tenía una larga tradición de residencias. En sus comienzos, el ITS alquiló casonas que destinaba al alojamiento de estudiantes. A partir de 1956 y durante casi dos décadas, la UNS continuó con la política implementada por su antecesor.

La Cooperadora que a principios de los años 70 inició la construcción de los nuevos departamentos estaba conformada por docentes y no docentes y tenía como objetivo impulsar acciones en beneficio de la comunidad universitaria.

“La construcción de las Residencias pudo financiarse con la venta de terrenos que eran propiedad de la Cooperadora, ubicados donde actualmente se encuentra el barrio Comahue”, añadió Marcilese.

El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 no sólo determinó el fin de la Cooperadora. También supuso el cese del alojamiento de estudiantes en los departamentos que había construido, una función que recién recuperaron hacia fines de la década siguiente. 

Apuesta a futuro

La ingeniera Diana Sánchez, titular de la Secretaría General de Bienestar Universitario bajo cuya órbita se encuentran las Residencias, celebró que este aniversario demuestre que “la UNS ha podido mantener vigente el compromiso para con las y los jóvenes de la región, a favor de atender la demanda habitacional que en muchos casos termina siendo determinante para acceder a los estudios universitarios”.

La contribución de las Residencias de la UNS al camino académico de varias generaciones de estudiantes, destacó Sánchez, “habla claramente del valor de la educación pública y de las responsabilidades que la institución, como Universidad Nacional, asume”.

En cuanto a los desafíos a futuro, se planteó el de “reforzar el valor, propósito y sentido que tienen las Residencias, intentando reformular el paradigma de acompañamiento, incorporando otros dispositivos que la institución pone a disposición para potenciar las oportunidades de las y los estudiantes que tengan ese tipo de beca”. En tal sentido, ejemplificó con el aporte realizado por los equipos de salud mental, asistencia social, de medicina y de tutorías, además del acceso al Comedor Universitario y la oportunidad de practicar deportes.

“Hay desafíos por venir, en los que el recurso de las Residencias será un elemento valioso. Deberemos estar a la altura de las circunstancias para potenciar ese dispositivo, en combinación con muchos otros que tenemos a nivel institucional e inclusive en articulación con oportunidades y recursos que ofrezcan otras instituciones”, opinó Sánchez.

Esa tarea, concluyó, deberá estar orientada “siempre a favor del mayor bienestar de becadas y becados, y de procurar más oportunidades para que todas y todos accedan a sus estudios universitarios”.